En 2013, la difusión no consentida de un vídeo íntimo cambió la vida de Olimpia Coral Melo. Lo que entonces parecía una historia personal de violencia terminó convirtiéndose en el origen de un movimiento que hoy ha impulsado reformas legislativas en México y otros países de Iberoamérica, ha situado la violencia digital en la agenda internacional y ha abierto una conversación imprescindible sobre cómo proteger los derechos de las mujeres en el entorno digital.

Con esa historia como punto de partida, he mantenido un encuentro con Olimpia Coral y su equipo para conocer de primera mano el trabajo que desarrollan desde el movimiento Ley Olimpia e intercambiar experiencias sobre uno de los grandes desafíos de la transformación digital: garantizar que el progreso tecnológico vaya siempre acompañado de más derechos y de una mayor protección para las personas.
Olimpia compartió una idea muy poderosa que atraviesa todo su trabajo: la Ley Olimpia es mucho más que un conjunto de reformas legales. Es un movimiento construido por mujeres supervivientes que decidieron transformar el dolor en acción política. Como ella misma afirma, «No somos musas. La hicimos nosotras.»

Ese enfoque se refleja en todas las iniciativas que impulsa el movimiento. Desde protocolos de atención integral a víctimas —basados en la contención emocional, digital, jurídica y comunitaria— hasta herramientas innovadoras como Ley OlimpIA, una inteligencia artificial desarrollada por su propio equipo que ofrece acompañamiento a víctimas en tiempo real a través de WhatsApp, en 39 idiomas y con supervisión humana. También presentaron proyectos como la Guía Emma, para prevenir la revictimización en los centros educativos; la Cartilla de Derechos Digitales de las Mujeres, impulsada junto al Gobierno de México; o el Violentómetro Virtual, diseñado para ayudar a identificar las distintas formas de violencia digital.
Como podéis imaginar, fue una conversación muy enriquecedora, profundizando también en el impacto que la inteligencia artificial está teniendo en la generación de nuevas formas de violencia contra las mujeres y la necesidad de reforzar la responsabilidad de las plataformas digitales. Para Olimpia Coral, incluso el lenguaje importa. Reivindica hablar de violencia digital o de violencia facilitada por las tecnologías, rechazando términos que, a su juicio, invisibilizan la experiencia de las víctimas. Y defiende una educación digital «más allá de lo técnico», capaz de formar una ciudadanía crítica y de construir entornos digitales más humanos.
Y es que conforme fluía el diálogo uníamos numerosas líneas de trabajo compartidas entre el movimiento Ley Olimpia y la agenda que estamos liderando desde el Gobierno de España: la defensa de los derechos digitales, la protección de mujeres, niñas y adolescentes en Internet, el desarrollo de una inteligencia artificial centrada en las personas y la cooperación internacional para hacer frente a una violencia que, como recordó Olimpia, «es extraterritorial».
Desde España vamos a seguir impulsando medidas pioneras para garantizar que la innovación tecnológica avance de la mano de la protección de las personas, como la inclusión de los deepfakes sexuales entre los usos prohibidos de la inteligencia artificial en el paquete legislativo Ómnibus, el impulso de nuevas iniciativas para proteger a los menores en los entornos digitales, el refuerzo de la responsabilidad de las plataformas y una gobernanza tecnológica basada en los derechos digitales, el humanismo tecnológico y una innovación que genere confianza en la ciudadanía.
Porque la transformación digital sólo será verdaderamente transformadora si avanza de la mano de los derechos y sesgo de mujer, toda una forma de construir un futuro digital no sólo igualitario, también más seguro, más justo y más humano.
Muchas gracias por todo, Olimpia.






















